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El camino hacia una crianza positiva

Criar a nuestros hijos es una de las tareas más difíciles e importantes pero a la vez más satisfactorias que nos pueden pasar.

Hoy quiero hablaros de la crianza positiva. Se trata de una forma de educar a nuestros hijos desde el respeto, dignidad y límites, pero sin violencia ni superioridad, de igual a igual. Gracias a ella nuestros peques aprenderán a relacionarse con los demás de una manera constructiva y sin violencia.


Para ello es importante elogiar el buen comportamiento, a la vez que establecer normas claras. Debemos escuchar a nuestros hijos, dedicarles tiempo, trabajar en equipo y no hacer uso del castigo.
De palabra parece todo muy sencillo, y hay ocasiones en las que nos lo ponen muy difícil, pero creedme, se puede conseguir, y merece la pena hacerlo. De nada sirve un castigo o un mal grito, lo único que conseguiremos será hacerles daño y que busquen evitar esas situaciones en el futuro, incluso podemos provocar que nos engañen más adelante para evitar las experiencias negativas que han vivido. Aprenden lo mismo, incluso mejor, si se lo decimos de una buena manera, razonándoles las cosas y haciéndoles ver nuestros sentimientos y que ellos nos hagan ver los suyos.

Aquí os dejo algunas maneras de conseguirlo.

Estimular su autoestima

Los niños y niñas desde bien pequeños empiezan a desarrollar el sentido del “yo”. Asimilan cómo se han comportado a través de sus padres, su manera de reaccionar, el tono de voz, sus gestos y expresiones. Ellos valoran mucho la opinión de su familia, es por ello que por lo que hay que tener cuidado en la manera como reaccionamos en cada ocasión.

Un elogio les hará sentirse orgullosos de ellos mismos, o dejarles hacer cosas por sí solos hará que se sientan más capaces y seguros. En cambio, si siempre les estamos regañando, o les hablamos con tonos y comentarios negativos, solo conseguiremos el efecto contrario, que se sientan incapaces e inseguros.

Tenemos que elegir las palabras con cuidado y con calma para no hacerles daño y hacerles ver que todos cometemos errores, explicándoles siempre cuál ha sido el error y el por qué.
Cuando han hecho algo mal, debemos explicarles qué es exactamente lo que han hecho mal y la razón, para que puedan entenderlo, pero también ser capaces de entender nosotros por qué lo han hecho.

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Reconocer las buenas acciones

Imaginaos que cada vez que hacemos algo mal nos regañaran o nos gritaran. Que nos destacaran más las cosas malas que hacemos que las buenas, incluso cuando las hacemos con buena intención. ¿Cómo nos sentiríamos? Seguramente terminaríamos perdiendo la confianza en nosotros mismos.
Debemos dar un enfoque más positivo y reconocer más las cosas buenas que hacen, por muy pequeñas que sean, pero valorar esos detalles les hará más felices y seguros.

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Pasar tiempo juntos

No hay nada que haga más felices a los niños que pasar tiempo con su familia. Normalmente es la causa por la que se comportan mal, para llamar nuestra atención, porque nos necesitan.

Desayunemos, comamos y cenemos con ellos, juguemos y hagamos actividades juntos… son muchísimos los beneficios que tiene pasar tiempo con ellos, tanto para ellos como para nosotros.

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Establecer límites y ser coherente con ellos

Hay que crear límites, que ellos sepan lo que es correcto y lo que no. Además ayudarán a que sean capaces de conocer sus expectativas y aprendan a autocontrolarse.

Cuando traspasen esos límites no hay que castigarles ni regañarles, si no analizar con ellos la situación para que puedan aprender qué hicieron mal. Es por ello por lo que en lugar de decirle nosotros qué pasó y qué tendrían que haber hecho, es mejor hacerles preguntas para que sean ellos mismos los que den con la solución. Por ejemplo podemos preguntarles ¿qué es lo que ha pasado? ¿qué lo produjo?¿qué idea tienen para resolverlo? o ¿qué han aprendido de ello?

Debemos explicarles los motivos de cada límite, que ellos puedan comprenderlos. No podemos decirles “cuando seas mayor ya lo entenderás” o algo parecido, ya que lo que estamos haciendo es decirles que no son lo suficiente inteligentes para entenderlo. Son pequeños, pero os sorprendería la capacidad de razonamiento que pueden tener.

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Ser un ejemplo a seguir

Nuestros hijos nos observan constantemente, aprenden de cómo actuamos en cada situación. Por ello antes de regañarles o alterarnos debemos plantearnos si es así como queremos que actúen después ellos cuando se enfaden.

Sirvamos de ejemplo a nuestros hijos y hagámosles ver todas esas cualidades que consideremos importantes (honestidad, tolerancia, respeto, cordialidad, empatía…). Seamos siempre agradecidos y hagamos cosas por los demás sin esperar nada a cambio y tratemos siempre a nuestros hijos de la misma manera que nos gustaría que nos trataran a nosotros también.

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Una buena comunicación

Tenemos que explicarles siempre los motivos de cada límite o de cada comportamiento, que ellos sean capaces de entender lo que hacemos o decimos. No sirve de nada decirles que las cosas son porque sí sin darles ninguna explicación más. Si lo hacemos comenzarán a cuestionarse nuestros valores y motivaciones.

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Demostrarle amor y ser cariñosos

Uno de los mayores regalos que podemos hacerles a nuestros hijos es incentivarlos a mejorar cada día y hacerles sentirse capaces de hacerlo por ellos mismos. Esto lo podemos conseguir día a día en nuestra manera de reconocer y valorar su ayuda y esfuerzos.

Tampoco se trata de alabarlos desproporcionadamente por encima de la realidad, porque entonces provocará que terminen creyéndose superiores y se dediquen a complacer a los demás. Se trata de animarles, de crear una motivación en ellos y que vean que valoramos su esfuerzo.
Debemos hacer que se sientan tranquilos y seguros en casa. Crear una atmósfera segura, cálida, de respeto y cooperación donde se sientan parte de ella. De formar un equipo de complicidad, confianza y amor con ellos.

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Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es inculcarles valores que les ayuden a tomar las decisiones correctas.

No dejemos nunca que pierdan la alegría ni la confianza en ellos mismos.

¡Feliz día!

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